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PRONTUARIO DE
MUSICOLOGÍA Música, sonido, sociedad. de Carmen Rodríguez Suso Ya está a la venta este nuevo libro de una de las más prestigiosas musicólogas españolas. Por su indudable interés reproducimos el índice y la introducción al texto. |
Un completo contenido hace de este libro único en su género en lengua castellana.
En él se desarrollan los siguientes temas: I. La musicología y la experiencia de la música II. Las profesiones de la música. III. Atrapando el tiempo: La notación musical y la fonografía IV. Fabricando sonidos: La organología V. Mirando la música: La iconografía musical VI. Hablando de música: La literatura musical VII. Cómo trabajan los musicólogos
En sus 240 páginas contiene gran cantidad de gráficos, cuadros sinópticos e ilustraciones .
PV: 24 Euros
INTRODUCCIÓN
La música se encuentra
presente en muchos momentos de la vida. A veces lo hace de manera
inconsciente, bajo la forma de sonido ambiental o música de
fondo, y a veces lo hace de manera más ostentosa, como sucede en
todo tipo de celebraciones colectivas a las que anima y hasta
organiza en ocasiones. También la encontramos en circunstancias
en las que se convierte en protagonista, como sucede, por
ejemplo, en los conciertos o cuando alguien canta alguna canción
para los amigos. Su escucha siempre produce algún efecto
importante: ayuda a disfrutar, relajarse (o excitarse),
concentrarse (o distraerse), reforzar la consciencia corporal,
comunicarse unos con otros, o matizar las relaciones sociales. Y
también llega a hacer cosas tan importantes como inspirar
teorías filosóficas, exaltar creencias religiosas, aumentar la
productividad de los trabajadores, o representar la estructura
social de determinados grupos humanos. Parece, pues, que es algo
proteico, capaz de acompañar momentos humanos de muy diferente
categoría, y adoptando muy diferentes formas de presentación.
Hasta la época de la fonograbación, el sonido musical siempre
venía «de alguien», y, si existía, era porque ese «alguien»
se dirigía hacia el oyente de una manera personal. Por eso, la
actividad musical implica siempre alguna forma de relación con
los demás (lo que hace que algunos la consideren como «la más
social de todas las artes»). Pues lo cierto es que nunca se hace
en solitario. Y así, al requerir un encuentro entre personas,
ofrece formas más o menos ritualizadas de estar unos con otros y
muestra de qué tipo es ese encuentro. Algo tan delicado que no
puede hacerse con los medios de expresión ordinarios. Por eso
existe como forma cultural con entidad propia.
Efectivamente, durante las actividades musicales, cada uno
participa según el espacio social que ocupa. Tocando, cantando,
bailando con amigos o compañeros, o escuchando silenciosamente
en la oscuridad, señala de qué manera se sitúa ante los
demás. Yendo a determinados conciertos o comprando determinados
discos, tocando determinada música o viajando para escuchar a
determinado director de orquesta, se suscriben determinadas
formas de vida. Y al identificarse con determinados estilos
musicales, se señala uno ante los demás por su gusto musical y
su forma de participar, del mismo modo en que lo hace a través
de su forma de vestir, la calidad de su coche, o el lugar donde
está su casa.
Así que hacer música es una forma de mostrar cómo estamos
juntos y cómo nos socializamos los humanos. La Musicología, a
la que se presenta en este libro, ayuda a desvelar cómo sucede
esto y por qué. Se trata de una disciplina diseñada para
observar y estudiar académicamente la organización del sonido
musical y las actividades a que da lugar. Ofrece oportunidades
para introducirse en un mundo que puede ser hermoso para unos,
erudito para otros, técnico para otros más, y, para todos... un
terreno de encuentro con experiencias que, más allá del placer
personal, implican también dedicación temporal, espacios
específicos, e inversión económica. Representación social y
producción cultural, en suma.
En este libro presentamos la situación actual de los
conocimientos y teorías sobre la música, con los debates que se
están llevando a cabo en el momento presente: ¿qué podemos
saber de la música si resulta que es un objeto que no tiene
existencia material? ¿qué es lo que se transmite a través de
ella? ¿existe otra música además de la de los grandes
compositores o la que presentan las industrias culturales?
¿cómo se puede integrar la música de las culturas minoritarias
en el universo sonoro de nuestros días? ¿cómo le afecta la
globalización o la multiculturalidad? También ofrecemos una
revisión general de carácter somero sobre los métodos de
trabajo y los materiales con los que se enfrentan los
musicólogos, historiadores, críticos, gestores, animadores
culturales, museístas y documentalistas relacionados con este
área de conocimiento, explicando cómo se llega desde la
creación musical hasta el público, y los pasos intermedios que
condicionan, mediatizan y determinan el resultado sonoro final.
Este planteamiento nos parecía necesario en tanto que la
presencia de la música está poco estudiada en nuestro país, a
pesar incluso de las elevadas cifras de consumo que presenta.
Pero el consumo musical, cuando se observa medido sólo por el
número de equipos de reproducción por habitante o por la venta
absoluta de fonogramas, no nos dice nada sobre qué clase
de consumo es, a qué clase de experiencia musical se
refiere, o qué necesidades satisface. La música es una
realidad de la que apenas sabemos poco más que las cifras que
mueve en el PNB. Muy abultadas, por cierto. Por eso, creímos
adecuado realizar una introducción al estudio de la música como
fenómeno de cultura, y, para ello, la vía más adecuada era
presentar la situación actual y los métodos de trabajo de la
Musicología, con sus teorías y explicaciones de lo que la
música es y de lo que provoca en sus oyentes.
La Musicología, que aspira a completar la experiencia musical
mediante la información necesaria para comprenderla, es una
disciplina de reciente implantación en nuestro país. Tampoco en
otros lugares es muy antigua, pero cuenta con la experiencia de
al menos alguna década por encima del siglo de existencia. La
inmediatez de la música en vivo no facilitó nunca el desarrollo
de instrumentos de elaboración intelectual sobre ella, desde
luego, y, en España, donde la prolongación de las formas de
producción musical del Antiguo Régimen ha impedido el
desarrollo de un mercado moderno de la música hasta hace poco
tiempo, esta ausencia se prolongó más todavía. Ello puede
explicar la falta de racionalización con que se han desarrollado
muchas actividades musicales importantes en nuestro país. La
enseñanza musical entre las primeras, desde luego, pero también
la organización de la vida profesional de los músicos, las
industrias de la edición y la fonograbación, la legislación,
la divulgación y la crítica musical: todas han sufrido los
resultados de esa anomalía histórica que las diferencia
respecto a las de las sociedades vecinas.
Los inicios de la Musicología en España han sufrido de las
dificultades que esta situación puede suponer. Es de esperar que
las nuevas promociones de estudiantes, en el marco de una
enseñanza musical renovada y con una conciencia clara de la
necesidad de desarrollar elementos de comprensión para
racionalizar el todavía algo desvertebrado mundo de la música
peninsular, vayan a recuperar el tiempo perdido. Además, en las
principales ciudades españolas está comenzando a existir por
fin una vida musical de carácter regular, gracias a la
organización de infraestructuras, redes de teatros, festivales,
entidades promotoras y, sobre todo, a la mejor formación de
músicos de nivel profesional. Hasta hace muy poco, era imposible
mantener un mínimo contacto con la música en vivo a no ser que
se realizaran desplazamientos a Madrid, Barcelona o fuera de
España, y eso significa que los pocos que se lo permitían
vivían la música de una manera descontextualizada y
excepcional.
Desde un punto de vista estadístico, pues, las actividades
musicales disponibles para la población española eran,
simplemente, las que ofrecían la música grabada y los medios
industriales de comunicación de masas, las vinculadas al
ejercicio de los instrumentos clásicos en los conservatorios
(donde predominaba el piano de manera abrumadora), y algunas
iniciativas más o menos azarosas de música joven o folklórica.
En estas condiciones, es lógico que la música resultara ser un
mundo ignoto y misterioso para mucha gente, a pesar de que se
consumieran discos en cantidades homologables a las del resto del
mundo occidental.
Hoy, al revés, el proceso de formación de los diversos
públicos ligados a los diversos tipos de música viva es un
hecho real, y la necesidad de profesionales capaces de dar
respuesta a sus demandas de información, divulgación, crítica
y gestión resulta evidente. La Musicología está llamada a
proporcionar los técnicos en esa intermediación cultural de la
música: los gestores, documentalistas, informadores
especializados, y creadores de opinión que esa nueva situación
demanda. Tanto más cuanto que la evolución en los gustos
musicales y en la configuración de los grupos de oyentes se
está produciendo a velocidades insospechadas hace poco tiempo.
La función de esos especialistas tiende a estructurar el mundo
musical, haciéndolo más funcional y respondiendo a las demandas
de la sociedad actual con la experiencia acumulada por la
Musicología durante esos algo más de cien años de su
existencia. Para ellos, y para el público al que se destinan sus
trabajos, se hace necesario disponer de herramientas de
comprensión que permitan abrir caminos de racionalidad en lo que
desde fuera podría parecer un bosque impenetrable de nombres,
estilos, etiquetas comerciales, o iconos sociales. La
Musicología, si es de buena calidad, está llamada a
proporcionar esas herramientas.
Por esta razón, parece conveniente ofrecer un punto de partida
que informe, tanto a los estudiantes de esta disciplina todavía
novedosa en nuestro país como al público interesado, de los
fundamentos del estudio de la música que han servido para
ubicarla en su plena funcionalidad allí donde disfruta de
condiciones de desarrollo más adecuadas. Para ello, hemos
organizado el contenido de este libro presentando en primer lugar
una introducción a la Musicología en sí, y otra a los oficios
profesionales de la música, mostrando sus tradiciones y hábitos
de trabajo, y la forma en que pueden determinar los resultados de
la actividad musical. Después, siguen sendos capítulos
destinados a observar las características de las diversas
tipologías documentales de la música (notación, fonografía,
organología, iconografía musical, y literatura musical).
Seguimos así un desarrollo que va de lo más general a lo más
detallado: la cosa (la música y la musicología), las personas
con sus utensilios de trabajo (los músicos y los instrumentos),
y los documentos a través de los que se comunican. Al final, hay
un capítulo sobre tendencias historiográficas y una exposición
breve sobre mecanismos de trabajo que plantea las discusiones
más recientes sobre el modo de encarar actualmente el ejercicio
profesional de las tareas musicológicas.
En el texto se exponen los aspectos más importantes de la
Musicología, explicando su relación con la música práctica y
sus procedimientos de trabajo, y planteando las reflexiones que
ello provoca en los autores recientes. El tono expositivo
empleado atiende a criterios divulgativos, pensando en un lector
no especializado. De hecho, este libro se dirige a estudiantes
tanto como a aficionados a la música, y no hace falta saber
música para leerlo y entenderlo (aunque sí «saber música»,
es decir, vivir la música desde una experiencia personal).
Actualmente, el libro de referencia en España para estos temas
es el Compendio de Musicología, de J. Chailley, que es
una traducción de un material ya muy antiguo y poco útil hoy
día (el original data de 1958, y la traducción castellana, de
1984, con una actualización muy superficial). Aunque nuestro
libro no es tan extenso ni detallado, cubre los aspectos
esenciales del tema, tal y como se consideran en el momento
presente, incluyendo también los debates actuales; además,
incluye referencias a todos los tipos de música, comprendida la
llamada popular music, y la de otras culturas no
occidentales, que no aparecen en el libro de Chailley, o lo hacen
anecdóticamente.
En la elaboración de este libro ha sido determinante nuestra
actividad docente en diversos centros educativos de distintos
niveles. El contacto con jóvenes y estudiantes cuyas
experiencias musicales recorren amplias zonas del espectro sonoro
actual nos ha ayudado a ubicarnos en un punto de vista en el que
no se prioriza ninguna estética por encima de otras, aunque se
mantiene la referencia académica en la que contamos con mayor
experiencia. Su texto ha sido probado directamente en el Campus
Virtual de la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko
Unibertsitatea, al que agradecemos el asesoramiento prestado y la
oportunidad de trabajar en el innovador medio de Internet.
También agradecemos a Manuel Benito y Jesús Romo, del citado
Campus Virtual, todas sus amabilidades y apoyos, y a quienes, con
sus comentarios y observaciones, nos han ayudado a mejorar su
contenido y a adaptarlo para el lector medio.
Carmen Rodríguez Suso